PRÓLOGO AL LECTOR (NOVELAS EJEMPLARES).

Autor: Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616).

Antes de dar comienzo a la ficción, Cervantes se presenta directamente ante el lector de sus Novelas ejemplares (1613) en unas memorables líneas que recogen su autorretrato, el orgullo de su heroicidad biográfica y su conciencia de su lugar excepcional en la historia literaria.


Quisiera yo, si fuera posible, lector amantísimo, excusarme de escribir este prólogo, porque no me fue tan bien con el que puse en mi Don Quijote[1], que quedase con gana de segundar[2] con éste. Desto tiene la culpa algún amigo, de los muchos que en el discurso[3] de mi vida he granjeado[4], antes con mi condición que con mi ingenio; el cual amigo bien pudiera, como es uso y costumbre, grabarme y esculpirme en la primera hoja deste libro, pues le diera mi retrato el famoso don Juan de Jáurigui[5], y con esto quedara mi ambición satisfecha, y el deseo de algunos que querrían saber qué rostro y talle[6]tiene quien se atreve a salir con tantas invenciones en la plaza del mundo, a los ojos de las gentes, poniendo debajo del retrato: “Éste que veis aquí, de rostro aguileño[7], de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y de nariz corva, aunque bien proporcionada; las barbas de plata, que no ha veinte años que fueron de oro, los bigotes grandes, la boca pequeña, los dientes ni menudos ni crecidos, porque no tiene sino seis, y ésos mal acondicionados y peor puestos, porque no tienen correspondencia los unos con los otros; el cuerpo entre dos extremos, ni grande, ni pequeño, la color viva, antes blanca que morena; algo cargado de espaldas, y no muy ligero de pies; éste digo que es el rostro del autor de La Galeta[8] y de Don Quijote de la Mancha, y del que hizo el Viaje del Parnaso, a imitación del de César Caporal Perusino[9], y otras obras que andan por ahí descarriadas y, quizá, sin el nombre de su dueño. Llámase comúnmente Miguel de Cervantes Saavedra. Fue soldado[10] muchos años, y cinco y medio cautivo[11], donde aprendió a tener paciencia en las adversidades. Perdió en la batalla naval de Lepanto[12] la mano izquierda de un arcabuzazo[13] , herida que, aunque parece fea, él la tiene por hermosa, por haberla cobrado en la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros, militando debajo de las vencedoras banderas del hijo del rayo de la guerra, Carlo Quinto[14] , de felice memoria”. Y cuando a la deste amigo, de quien me quejo, no ocurrieran otras cosas de las dichas que decir de mí, yo me levantara a mí mismo dos docenas de testimonios, y se los dijera en secreto, con que extendiera mi nombre y acreditara mi ingenio. Porque pensar que dicen puntualmente la verdad los tales elogios es disparate, por no tener punto preciso ni determinado las alabanzas ni los vituperios[15].
En fin, pues ya esta ocasión se pasó, y yo he quedado en blanco y sin figura, será forzoso valerme por mi pico, que, aunque tartamudo, no lo será para decir verdades, que, dichas por señas, suelen ser entendidas. Y así, te digo otra vez, lector amable, que destas novelas que te ofrezco, en ningún modo podrás hacer pepitoria[16], porque no tienen pies, ni cabeza, ni entrañas, ni cosa que les parezca; quiero decir que los requiebros[17] amorosos que en algunas hallarás, son tan honestos, y tan medidos con la razón y discurso cristiano, que no podrán mover a mal pensamiento al descuidado o cuidadoso que las leyere.
Heles dado nombre de ejemplares, y si bien lo miras, no hay ninguna de quien no se pueda sacar algún ejemplo provechoso; y si no fuera por no alargar este sujeto[18], quizá te mostrara el sabroso y honesto fruto que se podría sacar, así de todas juntas como de cada una de por sí. Mi intento ha sido poner en la plaza de nuestra república una mesa de trucos[19], donde cada uno pueda llegar a entretenerse, sin daño de barras[20]: digo, sin daño del alma ni del cuerpo, porque los ejercicios honestos y agradables antes aprovechan que dañan.
Sí, que no siempre se está en los templos, no siempre se ocupan los oratorios, no siempre se asiste a los negocios, por calificados que sean. Horas hay de recreación[21], donde el afligido[22] espíritu descanse. Para este efeto se plantan las alamedas, se buscan las fuentes, se allanan las cuestas y se cultivan con curiosidad los jardines. Una cosa me atreveré a decirte: que si por algún modo alcanzara que la lección destas novelas pudiera inducir a quien las leyera a algún mal deseo o pensamiento, antes me cortara la mano con que las escribí que sacarlas en público. Mi edad no está ya para burlarse con la otra vida, que al cincuenta y cinco de los años gano por nueve más y por la mano.
A esto se aplicó mi ingenio, por aquí me lleva mi inclinación, y más, que me doy a entender, y es así, que yo soy el primero que he novelado en lengua castellana[23], que las muchas novelas que en ella andan impresas todas son traducidas de lenguas extranjeras[24] , y éstas son mías propias, no imitadas ni hurtadas: mi ingenio las engendró, y las parió mi pluma, y van creciendo en los brazos de la estampa. Tras ellas, si la vida no me deja, te ofrezco los Trabajos de Persiles[25], libro que se atreve a competir con Heliodoro[26] , si ya por atrevido no sale con las manos en la cabeza; y primero verás, y con brevedad dilatadas, las hazañas de don Quijote y donaires[27] de Sancho Panza, y luego las Semanas del jardín[28]. Mucho prometo con fuerzas tan pocas como las mías, pero ¿quién pondrá rienda a los deseos? Sólo esto quiero que consideres: que, pues yo he tenido osadía de dirigir estas novelas al gran Conde de Lemos[29], algún misterio tienen escondido que las levanta.
No más, sino que Dios te guarde y a mí me dé paciencia para llevar bien el mal que han de decir de mí más de cuatro sotiles y almidonados[30]. Vale[31].






[1]Alude Cervantes a la primera parte del Quijote, El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha, publicada en 1605.
[2]Repetir.
[3]Transcurso.
[4]Adquirido, ganado.
[5]Juan de Jáuregui, pintor y poeta sevillano (1583-1641), autor de un supuesto retrato de Cervantes hoy propiedad de la Real Academia Española.
[6]Proporción del cuerpo.
[7]Alargado y flaco.
[8]Primer libro publicado por Cervantes (1585), escrito según las pautas de la novela pastoril.
[9]Cervantes publicó su libro en verso Viaje del Parnaso siguiendo el modelo de Viaggi di Parnaso del escritor Cesare Caporali (1531-1601), nacido en Perusa (Italia).
[10]Hacia 1570, Cervantes se encuentra en Italia buscando fortuna como soldado. Como tal participa en la batalla de Lepanto y en diversas expediciones hasta 1575.
[11]En 1575, de regreso a España, la galera Sol (en la que vuelve Cervantes con cartas de recomendación por sus méritos militares) es apresada por unos piratas berberiscos que lo llevan a Argel. Allí permanece preso durante cinco años. Las cartas de recomendación que portaba llevaron a sus carceleros a establecer un alto precio a su rescate. A pesar de sus cuatro intentos de fuga, Cervantes sólo pudo obtener la libertad gracias a la intervención de unos frailes trinitarios que pagaron su rescate en 1580.
[12]Lepanto, ciudad a la que se accede por el Golfo de Corinto (en la Grecia actual), fue escenario en 1571 de una batalla naval entre la Liga Santa (impulsada por el Papa Pío V y formada por España, Venecia y los Estados Pontificios) y los turcos, que resultaron derrotados.
[13]Disparo de arcabuz, arma de fuego semejante al fusil que se popularizó a finales del siglo XV. En la batalla de Lepanto, a pesar de estar aquejado de fiebres, Cervantes se obstinó en participar en el combate. Recibió tres disparos de arcabuz: dos en el pecho y uno en la mano izquierda, que perdió para siempre y fue causa de su sobrenombre: “el manco de Lepanto”.
[14]Perífrasis encomiástica para referirse al rey español Felipe II (1527-1598), hijo de Carlos I de España y V de Alemania.
[15]Insultos, injurias.
[16]La pepitoria es un guisado que se hace con todas las partes comestibles del ave, o solo con los despojos, y cuya salsa tiene yema de huevo. Aquí Cervantes utiliza la palabra como metáfora que inmediatamente explica: el lector no podrá hacer pepitoria con estas novelas, es decir, no podrá obtener despojos indeseados que atenten contra la moral.
[17]Piropos, frases que adulan el atractivo de una mujer.
[18]Asunto, materia.
[19]Juego de destreza y habilidad que se ejecutaba en una mesa dispuesta con tablillas, troneras, barras y bolillo.
[20]Parece aludir de nuevo al juego que acaba de mencionar. Cervantes se encarga de aclarar inmediatamente este uso metafórico: “sin daño de barras” quiere decir sin perjuicio para la moral (“digo, sin daño del alma ni del cuerpo, porque los ejercicios honestos y agradables antes aprovechan que dañan”).
[21]Disfrute.
[22]Triste, sufrido.
[23]Esta orgullosa afirmación de innovación literaria se puede entender si se recuerda que en esta época la palabra novela significa “relato corto al estilo italiano” (novella es cada una de las cien historias del Decamerón de Boccaccio). El Lazarillo, los libros de caballerías y otras obras que hoy denominamos novelas no recibían esa designación en tiempo de Cervantes.
[24]Antes de Cervantes, hay ejemplos de novella (relato corto al estilo italiano) en España, como las que publica Juan de Timoneda, pero todas siguen muy de cerca otros modelos previos (especialmente, italianos). Cervantes parece, en efecto, el primer autor que se decide a cultivar el género con contenidos radicalmente propios.
[25]Los Trabajos de Persiles y Sigismunda, libro de aventuras (siguiendo el modelo de la llamada novela bizantina) que Cervantes no pudo ver publicado en vida: se imprimió en 1617, el año posterior al de su muerte.
[26]Escritor griego (al parecer, del siglo III d.C.) considerado fundador del género de la novela bizantina con su Etiópicas o Teágenes y Cariclea. Su obra tuvo notable difusión durante el siglo XVI.
[27]Gracias, agudezas.
[28]Obra de Cervantes desgraciadamente perdida, que sólo conocemos por sus alusiones.
[29]Virrey de Nápoles que actuó como mecenas de Cervantes al final de su vida. A él dedica el Persiles (1617), la segunda parte del Quijote y Ocho comedias y ocho entremeses (l615).
[30]Cuatro “sutiles y almidonados”, es decir, unos pocos “estirados” enemigos literarios de Cervantes que despreciaban su obra.
[31]Expresión latina de despedida habitual en las epístolas familiares. Equivale a “que estés bien”.